Entre el 10 y 2l 10% de este tipo de lesiones se resienten por lo que pueden provocar fallos posteriores repetidos en la rodilla.
Los deportes en los que es más frecuente que se produzca una lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) son el fútbol y el esquí, así como el rugby o el balonmano. «Afecta sobre todo a aquellos deportes de contacto con cambios bruscos de dirección o giros ya que este ligamento es el responsable de retener la rodilla durante la frenada, actúa en esos cambios de dirección y en la recepción del salto», comenta el doctor Tomás Fernández Jaén, jefe de la Unidad de Medicina del Deporte de la Clínica CEMTRO. En la mayor parte de los casos, apunta este especialista, se rompe sin que exista contacto directo sobre la rodilla.
Entre el 10 y el 20% de las roturas del LCA no se recuperan y generan inestabilidad en la rodilla, lo que puede provocar fallos repetidos de la articulación y otras lesiones, según los expertos reunidos en el XIV Curso Internacional Teórico-Práctico de Patología de Rodilla.
«El ligamento cruzado anterior se rompe muy fácilmente pero es muy difícil de reparar, su reconstrucción requiere un conocimiento amplio de la técnica para no dejar secuelas» señala el doctor Vicente Concejero, jefe de la Unidad de Rodilla de la Clínica CEMTRO.
Alrededor de un 24% de las personas que se someten a cirugía del LCA en EEUU sufren de nuevo un desgarro después de la misma, según un estudio publicado en la revista ‘Journal of Sport Rehabilitation’. «En sentido estricto, este tipo de lesiones no se pueden curar al 100% lo que puede provocar fallos repetidos en la articulación y, por tanto, otro tipo de lesiones de tipo meniscal o del cartílago», apunta el doctor Concejero.
El éxito de la recuperación de una rotura de LCA dependerá pues, en primer lugar, de un buen diagnóstico pero, sobre todo, de una «correcta aplicación de la técnica, así, podemos llegar a curar entre el 85 y el 90% de los casos», asegura.
Por ello, según este experto, es «importante» que el especialista no trate la lesión del LCA como algo aislado, pues las lesiones de ligamento cruzado llevan con mucha frecuencia otras lesiones asociadas, y que se estudie bien la rodilla del paciente, con su historial clínico, una exploración completa y con una resonancia magnética de alta precisión. «A partir de ahí, se decidirá si procede o no realizar una intervención pues, no todos los casos son susceptibles de cirugía».
Cirugía y rehabilitación
En caso de decidirse por esta opción, la operación se realiza, por lo general, por artroscopia mediante la cual se sustituye el ligamento cruzado anterior afectado por un tendón, que puede ser del propio paciente, y que, con el tiempo, realizará la función del ligamento desgarrado, estabilizando la articulación.
Una vez realizada la cirugía, la rehabilitación pasa por cuatro fases. La primera es la de la desaparición de la inflamación articular. En segundo lugar, la ganancia de movilidad, seguida de la potenciación de la musculatura y, por último, la preparación para la vuelta a la actividad deportiva. «Lo habitual es que, como mínimo, la rehabilitación dure unos seis meses hasta que el deportista pueda volver a practicar deporte de manera normal, pero incluso en la élite puede prolongarse hasta un año», explica el doctor Concejero.
Una de las complicaciones más importantes que puede darse tras una rotura de LCA o de menisco es la lesión del cartílago, como consecuencia de microtraumatismos de repetición. «En estos casos la curación no es fácil y, con el tiempo, puede ser necesaria una prótesis de rodilla. Solo en pacientes jóvenes y en lesiones de pequeño o mediano tamaño se puede realizar la técnica de implante de condrocitos autólogos, que puede curar la lesión», afirma el experto.
Recuperación psicológica y prevención
Pero hay muchos otros factores que determinan que el deportista previamente lesionado pueda volver a niveles competitivos previos, y uno de los más importantes es la recuperación psicológica, tras la rotura del ligamento el paciente tarda más en perder el miedo a rompérselo de nuevo que a curarse.
Así lo destacan varios trabajos sobre la importancia de la kinesiofobia (miedo al movimiento) en la recuperación de la actividad deportiva.
En cuanto a la prevención de este tipo de lesiones, es «muy difícil» porque es un ligamento que se rompe muy fácilmente y rápido, en milésimas de segundo, pero siempre es importante tener en cuenta un calzado deportivo adecuado, el estado del terreno de juego y, sobre todo, llevar a cabo un entrenamiento y una musculación acordes con el deporte que se practica.
