Lo primero que hay que hacer es exfoliarla. Para que la piel quede limpia antes de tomar el sol hay que elimar todas las células y esto se consigue con la exfoliación. Con hacerlo solo una vez por semana o cada dos semanas y prestar especial atención a zonas como los codos, las rodillas y la espalda, es suficiente.
Hidratacion. Una vez hayas realizado la exfoliación, tu piel estará lista para absorber todos los componentes de las cremas hidratantes. Hay que elegir una loción hidratante que sea adecuada para tu tipo de piel, diferenciando una específica para el cuerpo y otra para el rostro. Cuando hablamos de hidratación no hay que olvidar hidratar nuestra piel por dentro y beber al menos 2 litros de agua al día.
Protección. Ni que decir tiene la importancia de los protectores solares. Aunque pensemos que no nos quemamos y que con un factor bajo es suficiente recomendamos ser prudentes y elegir un bloqueador solar medio o alto. Así, evitarás quemaduras graves y dañar la estructura de la dermis. La aplicación debe repetirse con frecuencia.
Alimentación adecuada. La dieta es muy importante para tu piel, al fin y al cabo somos lo que comemos. Se recomienda aumentar la cantidad de alimentos que estimulan la producción de colágeno como por ejemplo el tomate, la sandía o la zanahoria. Además una alimentación rica en té verde, así como las verduras de hoja verde y pescados ricos en Omega 3 protegen de quemaduras y ayudan a mantener el manto lipídico de la piel.
