Comienzan a bajar las temperaturas y aparecen las primeras lluvias fuertes. El ambiente húmedo y frío hace que aparezcan los famosos virus y los primeros damnificados son los más pequeños. La pregunta que muchos padres se hacen es: ¿pueden prevenirse los resfriados? La respuesta es afirmativa aunque con excepciones.
Lo primero que hay que decir es que los virus se propagan a través del contacto físico, es decir, a través de las manos o la cara, o a través del aire, o lo que es lo mismo, a través de estornudos o tos se expulsan los virus. Por tanto es muy difícil evitar el contagio en sitios cerrados como guarderías, colegios o, incluso, en el hogar si existe alguien enfermo.
Por otro lado, también hay que destacar que los síntomas del resfriado son variados y van desde mucosidad, tos o congestión, hasta fiebre. Además, pueden derivar en otras enfermedades más importantes como la bronquitis o la neumonía, por lo que hay que tener especial cuidado y actuar con la aparición de los primeros síntomas.
Siendo conscientes de ello, existen recomendaciones que puede favorecer el cuidado de la salud de los más pequeños y evitar, en la medida de los posible su contagio:
- Buena higiene corporal, especialmente de manos y caras. Se trata de dos zonas del cuerpo muy usadas habitualmente y principal fuente de contagio en los niños. Lavarlas bien y varias veces al día, ya sea con jabón o con toallitas higiénicas, es una buena forma de prevención. Esto debe extenderse en juguetes de tela o peluche que usen los pequeños, una medida muy recomendable para guarderías o en hogares donde haya más de un niño.
- Realizar frecuentemente lavados nasales con la ayuda de suero fisiológico o derivados del agua del mar. Esto permite que el moco se diluya más fácilmente, favoreciendo su expulsión y que se instala en nariz (congestión), en garganta (faringitis o laringitis) o vaya a los bronquios (bronquitis).
Tener completo el calendario de vacunación evita que resfriados comunes puedan derivar en enfermedades más complejas como la Tosferina.- Evitar los cambios de temperaturas corporales. Esto se consigue desabrigando a los niños en espacios cerrados y climatizados o, por el contrario, abrigándolos cuando la temperatura es más baja, como a primera hora de la mañana o por la noche. También es recomendable que mientras realiza actividades físicas, el pequeño no esté excesivamente abrigado y, sin embargo, se abrigue nada más acabar el ejercicio para prevenir enfriamientos.
- Relacionado con el punto anterior, se aconseja cambiar ropa húmeda o mojada de agua (lluvia) o sudor lo más rápidamente posible. Se incluyen tanto camisetas como calcetines o calzado y es otra forma de evitar enfriamientos.
- Fomentar el uso de mascarillas que tapen nariz y boca. Se trata de una medida drástica que se utiliza en casos de epidemia o niveles alto de propagación de enfermedades en centros o lugares donde se reúnen niños, especialmente colegios y guarderías) y zonas específicas, especialmente si la media de enfermos superan la media del lugar.
- Los baños deben ser cortos, no más de 15 minutos, y llevarse a cabo con agua tibia ya que el agua excesivamente caliente puede subir la temperatura corporal produciendo un contraste con la temperatura exterior del resto de zonas de una casa.
- Llevar a cabo una buena alimentación adecuada, incluyendo un aumento de alimentos ricos en vitamina C como la fruta (naranja, kiwi, plátanos,…) o las legumbres.
- Consultar a profesionales médicos o farmacéuticos en caso de que aparezcan los primeros síntomas, para que puedan asesorar en relación a posibles fármacos que permitan detener la evolución de la enfermedad y mejorarla hasta su curación definitiva.
