Las lesiones musculares son uno de los principales problemas de la actividad física tanto recreativa como de competición. Pueden aparecer por accidentes o por sobrecarga y no difieren de las lesiones que se producen por causas ajenas al ejercicio físico.
Debemos evitar que esto ocurra, y para ello hay que priorizar la prevención de las lesiones musculares dentro del entrenamiento, cuyo objetivo principal será el de preparar al músculo para el esfuerzo requerido según el tipo de deporte a realizar, tanto a nivel mecánico como neuromuscular.
Para ello hay que tener en cuenta una serie de factores:
- Adecuada preparación física
- Utilización de un equipo apropiado
- Cumplimiento de las reglas del deporte que se practique
- Llevar una correcta alimentación e hidratación y dar el reposo necesario a aquellas partes del cuerpo que se sobrecargan con el esfuerzo físico
Una buena forma física es la base más importante para evitar lesiones. Cada deportista debe analizar las demandas de su deporte antes de decidir el esquema de entrenamiento. La intensidad y la carga de este debe ser adaptada de forma individual en función del nivel técnico y de la condición física de cada uno. Hay que recordar que todas las actividades se deben realizar de manera progresiva.
Antes de realizar cualquier tipo de ejercicio es fundamental la técnica del calentamiento para preparar al organismo. Con esto no solo evitamos lesiones sino que mejora el rendimiento deportivo.
Hay muchos estudios científicos que que demuestran que un músculo fatigado tolera en menor medida una carga que un músculo no fatigado. Si sometemos al músculo fatigado a un estiramiento con carga constante, según la ley de Young, llega al punto de rotura antes que el músculo no fatigado. Por lo tanto los músculos fatigado tolerarán peor la carga, sobre todo de naturaleza excéntrica.
El músculo está formado por numerosas fibras contráctiles que con el ejercicio se hipertrofian. La inactividad afecta al músculo de varias maneras: disminuye la fuerza, y se alteran la coordinación y la propiocepción, por lo que aumenta el riesgo de lesión.
Por ello, la preparación no solo física sino también psicológica antes del entrenamiento y de la competición están dirigidas a un mejor rendimiento y a reducir la incidencia de lesiones.
