Consejos para tener una piel perfecta ante la llegada del verano

En el período estival la piel está expuesta a numerosos agentes agresivos como la radiación ultravioleta, el cloro o la sal. Si este verano queremos lucir una piel bonita, luminosa, sana y con un bronceado homogéneo necesitamos preparar la piel desde dentro y por fuera.

Lo primero que habría que hacer sería exfoliarla. Durante el invierno, la capa córnea de la piel acumula células muertas que restan luminosidad, ya que producen irregularidades de textura que impiden el reflejo de la luz. La exfoliación consigue eliminar el exceso de células muertas a través de unas partículas rígidas denominadas scrubs, cuya aplicación debe realizarse cada diez días durante el mes previo al verano. Gracias a este gesto, la piel recuperará su luminosidad.

La hidratación en profundidad es imprescindible para lucir una piel bonita en verano, ya que contribuye a que su superficie sea homogénea y luminosa. Las patas de gallo, cuello y escote se caracterizan por presentar una dermis mucho más fina que en el resto del cuerpo. Son zonas especialmente sensibles al sol que deben ser protegidas con cremas hidratantes ricas en glicerina, ácido hialurónico y vitamina B3.

Por otro lado, la piel del cuerpo debe ser hidratada en profundidad. Para ello es necesario mantener un ritual de hidratación durante la primavera y doblar la sesión de hidratación en verano, aplicando cremas ricas en nutrientes dos veces al día.

Con la llegada del verano es imprescindible usar protección a diario ya que, aunque no estemos expuestos directamente al sol, éste siempre nos va a afectar caminando incluso por la calle. Si vamos a la playa es necesario evitar la exposición solar en las horas en que éste se encuentra en su máxima verticalidad, comenzar tomando el sol en tramos cortos de tiempo durante los primeros días y por supuesto aplicarnos antes y durante la exposición solar cremas con pantalla de protección solar, al menos de factor 15.

No sólo una buena protección es bueno para nuestra piel también los alimentos. Para obtener un bronceado homogéneo y duradero y al mismo tiempo ayudar a la piel a defenderse de la producción de radicales libres, que es acelerada por la exposición a los rayos ultravioleta, es importante enriquecer los alimentos unas semanas antes con sustancias que contengan alfa y beta carotenos.

Encontraremos beta carotenos en alimentos clásicos como la zanahoria, pero también en tomates, albaricoques, verduras y hortalizas de hoja verde, entre otros. Los alfa carotenos se encuentran en vegetales como el kiwi o el brócoli. Los alfa y beta carotenos facilitan la producción de melanina y con ello la defensa de la piel frente a la agresión solar, además de funcionar como antioxidantes.

Los ácidos grasos omega 3 son potentes reparadores tisulares, en concreto son muy protectores de las membranas celulares. Es interesante empezar a ingerirlos al menos un mes antes de comenzar la exposición solar.

Las vitaminas ejercen un papel esencial en la renovación celular, la generación de colágeno y la protección contra los radicales libres. La fruta y la verdura son fuentes naturales de vitaminas, por lo que es necesario incrementar su presencia en la dieta.

Los minerales favorecen la formación de nuevas células, la circulación sanguínea y la asimilación de las vitaminas. Podemos encontrarlos en los cereales, legumbres, frutos secos, carnes y pescados.

Las proteínas son los constituyentes básicos de la piel. Podemos encontrarlos en los lácteos (preferiblemente desnatados, para que no nos aporten un exceso de grasa), carnes, pescados y huevos.

Ya tenemos todas las herramientas para lucir una piel perfecta. Ahora, a ponerlos en práctica.