Actualmente, el aire acondicionado se ha convertido en una herramienta imprescindible en verano tanto en hogares como en vehículos. Una forma de soportar las altas temperaturas que puede repercutir negativamente en la salud de las personas si no se usa de forma adecuada. Nadie está a salvo de forma permanente pero especialmente vulnerables son los niños, ancianos y enfermos crónicos.
Y es que alrededor de un 35% de personas desconocen que el mal uso del aire acondicionado puede conllevar riesgos para la salud. Incluso del resto (en torno al 65%) son muchos los que a pesar de conocer los riesgos, terminan sufriendo algún tipo de enfermedad derivada del uso de este aparato.
Resfriados, faringitis, rinitis, bronquitis, dolores de cabeza, contracturas o lumbalgias, son algunos de los problemas que se derivan del uso excesivo e inadecuado de este invento creado para no pasar calor. ¿El problema? principalmente la exposición directa, los contrastes y el abuso de temperaturas bajas.
Es muy habitual llegar a casa, al coche, a un supermercado o a una tienda desde la calle a una temperatura muy alta, sudando y con ganas de refrescar el cuerpo. Para ello solemos ponernos delante del chorro de aire frío que proviene del aire acondicionado. La reacción del cuerpo es una brusca contracción muscular que puede provocar desde tortícolis hasta parálisis faciales, en los casos más graves. Y esque el cuerpo no puede adaptarse al ambiente frío creado artificialmente de forma brusca.
Además, este contraste de temperatura y la inyección directa de aire frío en la piel, con frecuencia húmeda del sudor, puede provocar también el aumento de mucosidad que puede llegar a derivar en resfriados, problemas de garganta o pulmones y cefaleas.
Otro de los problemas derivados de un mal uso del aire acondicionado aparece por la falta de limpieza de los filtros, que puede provocar problemas en las vías respiratorias, infecciones e incluso problemas gastrointestinales.
Pero todos riesgos se ven minimizados con un uso coherente del aire acondicionado donde impere el sentido común. En este sentido aconsejamos:
– Mantener una temperatura constante del aire acondicionado situada entre los 23 y 25 grados, en función también de las dimensiones del espacio donde se use.
– Evitar en la medida de lo posible el uso del aire acondicionado mientras se duerme por la noche. Ante situaciones extremas donde la habitación se encuentre a más de 24 grados (temperaturas que reducen la capacidad de descanso), se recomienda enfriar la habitación antes de su uso, utilizar sábanas para tapar parte del cuerpo y evitar enfriamientos o programar el aparato para que se apague cuando lleve unas horas encendido.
– Disponer de un objeto con agua (cubo, botella,…) ayuda a humedecer el ambiente habitualmente seco que genera el aire acondicionado y reduce el riesgo de problemas de garganta.
– Limpiar los filtros del aire acondicionado antes y después del verano. Si es necesario acudir a personas o empresas especializadas en el mantenimiento de este tipo de aparatos para llevar a cabo revisiones periódicas que certifiquen el buen funcionamiento.
– Evitar que el chorro del aire incida directamente sobre la piel como la cara, el cuello, el pecho, la zona abdominal o la lumbar.
– En los vehículos, se recomienda encender el aire acondicionado de manera progresiva para acondicionar la temperatura ambiente en el interior, evitando cambios bruscos.
