El próximo lunes comienza oficialmente el verano y pocos días después termina el curso escolar. Durante casi tres meses, se abre un periodo de ocio y diversión para los más pequeños pero una responsabilidad mayor para los padres que deben cuidar de su salud. Por ello, desde el Centro Médico Los Cerros queremos echar una mano con consejos y recomendaciones que pueden ayudar a que el verano de los niños sea más saludable sin que por ello lo disfruten menos.
Establecer hábitos saludables. Sin duda el verano trae consigo cambios en la rutina habitual de los niños. Con menos responsabilidades al no tener que ir al colegio, y días más largos y calurosos, es habitual que se produzca un cambio en los horarios de cómida, juego y descanso. Aunque esto sea inevitable, sí que es recomendable que se establezcan hábitos que favorezcan a los pequeños.
Así, los horarios de comida así como la alimentación debe ser similar a lo que se lleva a cabo durante el resto del año. Es decir, continuar con 4 o cinco comidas diarias con una alimentación variada, evitando picoteos entre horas, comidas copiosas (especialmente en la cena) y manteniendo dentro de lo posible los horarios de desayuno, almuerzo, merienda y cena.
De igual forma ocurre con el descanso. Se debe evitar largas siestas que eviten conciliar el sueño de noche y, por consiguiente, despertarse tarde y trastocar los hábitos alimenticios. Esto no quiere decir que no se deba dormir siesta sino plantear que sea de entre 30 minutos y una hora.
Precaución con el sol y las altas temperaturas. Los niños son un grupo de riesgo cuando suben las temperaturas ya que pueden sufrir golpes de calor o deshidratación. Por ello recomendamos que no realicen actividades físicas al aire libre en las horas centrales del día o con altas temperaturas, así como que tomen líquido (especialmente agua y zumos) de forma periódica durante todo el día.
Por otro lado, también hay que cuidar la piel de los pequeños usando protectores solares con alto factor de protección (entre 30 y 50 FPS según el tipo de piel) y, como en el caso anterior, evitar tomar o realizar actividades bajo el sol en las horas centrales.
Cuidado en playas y piscinas. Lesiones, enfermedades y accidentes son factores a tener en cuenta con los niños cuando van a playas y piscinas.
Lo primero es reconocer y tratar las enfermedades derivadas de un excesivo contacto con el agua como son las otitis o las conjuntivitis. Se tratan de enfermedades que pueden derivar en problemas más serios por lo que lo primero es acudir al médico o farmacéutico para su diagnóstico y tratamiento y evitar durante unos días que el niño visite playas o piscinas cuyas aguas son las principales causantes de estas enfermedades.
También hay que tener en cuenta posibles picaduras de insectos (avispas, abejas, arañas,…) o animales acuáticos (medusas) que suelen aparecer en esta época del año. Por ello se recomienda llevar siempre un botiquín con primeros auxilios para este tipo de casos con cremas hidratantes o antihistamínicos (polaramine) que alivien los primeros síntomas, y acudir al médico o farmacéutico en caso de empeoramiento.
Por último, los accidentes son muy comunes en los niños en verano, con una gran actividad al aire libre y, especialmente, en playas o piscinas. Entre ellos, el accidente que entraña mayor riesgo es el ahogamiento, especialmente en los más pequeños que no saben nadar. A una vigilancia intensiva por parte de padres y familiares, hay que unir la necesidad de conocer las técnicas de primeros auxilios, así como actuar con rapidez a la hora de buscar ayuda profesional (socorristas, puestos de primeros auxilios, ambulancias,…).
En caso de lesión o herida, se vuelve a recurrir al botiquín y en caso de gravedad, dirigirse directamente a un centro médico u hospital más cercano.
Cualquier precaución es poca a la hora de cuidar de los niños pero siguiendo estas recomendaciones y apoyados en el sentido común y la organización, se puede llevar un verano saludable y divertido.
