La importancia de protegerse de los primeros baños de sol

Con la llegada del buen tiempo tendemos a pasar los fines de semana en la playa. Después de un largo invierno es necesario proteger nuestra piel de los primeros baños de sol, ya que es muy importante tener en cuenta que la exposición a los rayos solares debe hacerse con moderación y de manera paulatina.

En esta época del año, la piel es mucho más vulnerable, sobre todo la de los niños pequeños, y hay más probabilidades de sufrir quemaduras en las primeras exposiciones. Esto se debe a que todavía no se ha estado expuesto al sol lo bastante y el organismo no ha tenido tiempo de producir la melanina, el pigmento endógeno que confiere protección natural. La piel necesita más protección después de haber pasado el invierno a cubierto.

Para minimizar el riesgo de quemaduras en primavera, es mejor empezar a tomar el sol de manera paulatina, sin olvidar las normas de fotoprotección durante las actividades al aire libre. Hay tres pautas recomendables. La primera es protegerse de la exposición solar, buscar las sombras y evitar exponerse al sol durante las horas centrales del día.

Además, hay que usar indumentaria para proteger la piel como gorras, viseras, sombreros, pañuelos, gafas de sol y camisetas. Y fotoprotectores solares. Se deben aplicar antes de salir de casa, media hora antes de exponerse al sol. Los primeros días hay que usar índices más altos y adecuados a cada fototipo de piel.

Hay que recordar que, a pesar de que los síntomas de la quemadura solar se resuelven a corto plazo, la piel tiene memoria y los daños cutáneos son permanentes. Los estragos por exceso de sol sufridos en la infancia y en la adolescencia suelen manifestarse en la edad adulta, en forma de melanoma. El 90% de los melanomas está relacionado con la exposición a los rayos UV. Ante cualquier duda, se debe consultar con un dermatólogo.