El frío que ha comenzado a llegar a nuestro país y que parece va a quedarse un tiempo, hace que aumenten las posibilidades de sufrir enfermedades comunes como el resfriado o la gripe y que surjan síntomas asociados al malestar general. Quizás el más común de todos es la tos, un síntoma incomodo que, al mismo tiempo, permite mantener la garganta y las vías respiratorias despejadas. Por tanto, ¿cuándo hay que tratar la tos? La respuesta está en el tipo y la cantidad de tos que se tenga.
De forma generalizada, se recomienda visitar al médico o tomar algún medicamento contra la tos cuando no se consiga descansar o conciliar el sueño o en casos en los que pueda correr riesgo la salud, ya sea por la posibilidad de asfixia o falta de respiración. Sin embargo, existen casos en los que una tos leve es incluso positivo como en los casos de ser fumadores o padecer enfisema, neumonía, asma o bronquitis crónica.
El tipo de tos es importante para determinar su tratamiento. Existe la tos seca en la que solo se expulsa aire muy común durante casi todo el año pero que se refleja especialmente en invierno. También está la tos productiva en la que además de aire se produce expectoración, arrojándose esputo (moco). Teniendo en cuenta esta base, hay que tener en cuenta que la tos puede ser de dos tipos:
– Aguda: Generalmente comienza de manera repentina y a menudo se debe a un resfriado, una gripe o una infección sinusal. Suele desaparecer después tres semanas aunque puede alargarse hasta las 8.
– Crónica: Suele darse en largos periodos superiors a tres semanas y con ciclos repetidos.
El principal tratamiento que se suele utiliar para aliviar la tos son los antitusivos, especialmente en los casos de tos seca. Para la tos productiva son más eficaces los expectorantes para diluir el moco y facilitar su expulsión. En casos más graves en los que la tos puede llegar a provocar asfixia como en bronquitis o neumonías, se recomienda el uso de broncodilatadores que relajan los músculos de las paredes de los pequeños conductos de aire en los pulmones para facilitar la apertura de los conductos de aire y ayudar a aliviar la opresión en el pecho, la dificultad para respirar y la tos.
También existe la posibilidad de usar medicamentos como analgésicos, descongestionantes o antihistamínicos, incluso combinándolos, para tratar varios síntomas al mismo tiempo (tos, congestión, estornudos,…), aunque hay que tener cuidado puesto que el efecto de secado que producen puede engrosar el moco y dificultar el despejarlo de las vías respiratorias, lo que puede empeorar la tos.
Por ello, como siempre recomendamos, todo tratamiento debe ser prescrito y supervisado por un profesional médico o, como mínimo, consultar con el farmacéutico, especialmente en casos donde la tos sea el principal síntoma para hacer una valoración más personal de cada caso y diagnosticar en consecuencia.
Eso sí, siempre queda la posibilidad de utilizar la alimentación o remedios caseros en caso de tos leves. Entre estas recomendaciones se encuentran tomar mucho líquido (agua, zumos, suero,…), añadirles miel, comer alimentos con alto contenido en vitamina C (naranjas, kiwis, …), colocar una cebolla abierta cerca de la cama a la hora de dormir, paños calienes…
El sentido común será el que dicte la necesidad de acudir al médico y tomar el tratamiento adecuado para la tos.
