La piel, una parte de nuestro cuerpo que debemos cuidar

La piel es una de esas partes que más mimo debemos darle desde la infancia tanto con el uso de geles de baños como con cremas hidratantes específicas.

En el mercado existen infinidad de tipos de cremas y tratamientos para todo tipo de pieles que no todo el mundo se puede permitir, bien porque son caros, o bien por pereza, ya que algunos duran hasta varias semanas. Para tener una piel sana y bonita lo mejor es la rutina diaria. En el día a día siempre es igual para todos los tipos de pieles, la única diferencia dependiendo del tipo de piel, es el producto a usar y como usarlo.

Una de las bases más importantes para tener la piel bonita es la limpieza. Y en la que hay más diferencia dependiendo del tipo de piel. Es básico hacerlo mañana y noche, al acostarse y al levantarse y es fundamental no irse a dormir con la piel sucia o maquillada. La limpieza, tanto por la noche como por la mañana, permitirá que la piel sea más receptiva a los tratamientos posteriores y a que el poro se mantenga limpio y cerrado.

Si tienes una piel grasa necesitarás productos que se aclaren con agua, tanto por la mañana como por la noche. Las espumas y los geles son los productos favoritos de esta piel.

Si tienes una piel normal con tendencia mixta es fundamental por la noche una limpieza en profundidad, y para ello, es aconsejable un producto que se aclare con agua, igualmente una espuma o un gel limpiador. Aunque este tipo de piel, al no segregar tanta grasa naturalmente, durante la mañana se puede permitir pasar un tónico o un agua micelar.

Si tu piel es seca lo mejor es no utilizar agua, para ellas es mejor utilizar leches limpiadores, aceites o agua micelar especifica para pieles sensibles que contengan alto contenido de agentes hidratantes. Las pieles secas tienen el poro mucho más cerrado y no se ensucian tanto, aunque en esta limpieza eliminará las células muertas diariamente consiguiendo una piel más nítida.

Si vas a comprar productos para la piel es necesario tener en cuenta una serie de factores. En primer lugar que las cremas hayan pasado por los adecuados ensayos clínicos y con ingredientes cuya eficacia haya sido contrastada ya que de otra forma se corre el riesgo de que estos cosméticos produzcan daños en la piel.

Hay que saber distinguir entre envejecimiento cronológico y cutáneo: el cronológico no se puede detener, se produce en la piel al igual que en otros órganos ya que es un proceso natural. Sin embargo existe otro envejecimiento que sí se puede modular y que va ligado a factores ambientales externos como el consumo de tabaco, alcohol o la exposición a los rayos ultravioleta.

Por último, usar productos recomendados y ser constantes. Podemos poner en marcha las estrategias dermatológicas que han probado ser eficaces frente al envejecimiento y evitar ser demasiado restrictivos con los gastos en cosmética acreditada. Los protectores solares, por ejemplo, suelen incorporar una hidratación que no requiere del uso de un producto extra para hidratar la piel.