Conocido por muchos nombres: moretón, cardenal, contusión… Todos hemos sufrido alguna vez la aparición de un hematoma, un área de decoloración de la piel que se presenta cuando se rompen pequeños vasos sanguíneos y filtran sus contenidos dentro del tejido blando que se encuentra debajo de la piel. Suele tener color morado o púrpura y con el tiempo cambia a un color azuloso, luego amarillo-verdoso y finalmente regresa al color normal de la piel a medida que sana.
La decoloración morada o púrpura de la piel, suele ir acompañada por dolor e inflamación, que será más o menos importante en función de la gravedad del golpe, accidente o traumatismo, llegando a afectar a actividades cotidianas como andar, sentarse o correr.
Los motivos por los que aparece son muy variados aunque lo más común es debido a un golpe, lesión deportiva o accidente, lo que lo hace muy común a todas las personas, pero en especial a niños y deportistas.
Lo que sí hay que distinguir es su tipología ya que existen hematomas subcutáneos, los que aparecen debajo del piel; intramuscular, que surgen dentro de la parte protuberante del músculo subyacente; y perióstico, que se dan en el hueso y suelen ser los más peligrosos.
Prevenir los hematomas es prácticamente imposible, ya que es algo inesperado y como consecuencia de una contusión. Sin embargo, existen fórmulas que pueden evitar en parte la aparición de hematomas como tomar vitaminas que ayuden a mejorar la circulación sanguínea (como la vitamina E, ginseng, u omega-3) y suplementos como la árnica, o evitar algunos medicamentos que diluyen la sangre como el naproxeno, el diclofenaco, el ibuprofeno o la aspirina.
También la alimentación puede tener una influencia positiva, especialmente en comidas ricas en bioflavonoides, que ayudan a fortalecer los vasos sanguíneos y tejido conectivo como frutas (naranja o uvas) o verduras (judías verdes). O incrementando el consumo de pescado, pollo, huevos y nueces, con alto contenido en proteínas que ayudan a fortaleces las paredes de los vasos sanguíneos. Al margen de ello, usar equipos de protección cuando se realice actividades deportivas y actividades físicas puede evitar el daño causado por caídas.
Lo que sí puede lograrse es curar los hematomas de forma más rápida, reduciendo además la inflamación que pueden producir. Aplicar hielo lo más rápidamente posible sobre la zona afectada, mantener dentro de lo posible el área del hematoma levantada por encima del nivel del corazón (especialmente cuando se produce en piernas o brazos) para evitar que la sangre se estanque en el tejido afectado o evitar posturas que sobrecarguen de peso o trabajo la zona afectada, son algunas acciones que favorecen la cura del hematoma.
No obstante, si el dolor es muy agudo, el área afectada es muy grande o se ha producido mucha inflamación, es necesario consultar con un médico o hematólogo para que realice un estudio de la zona y presente un diagnóstico acorde a la enfermedad, especialmente en casos en los que el hematoma aparece sin que se haya presentado alguna lesión, caída ni haya otro motivo o hay signos de infección alrededor del área del hematoma, como líneas de enrojecimiento, pus u otra secreción, o fiebre.
Como ocurre con otras enfermedades, es importante la educación y la prevención infantil para evitar caídas así como educación deportiva para evitar lesiones o seguir las normas de tráfico para evitar accidentes. Con el hematoma más que nunca, prevenir es curar.
