El vino, un aliado para la salud

Ingerir con moderación esta bebida alcohólica puede suponer beneficios para nuestro cuerpo, en especial para el corazón, aunque es difícil discernir entre la delgada línea que separa el consumo ligero o moderado del abusivo.

Cuenta con miles de años desde su creación, lo han tomado entre otros egipcios, griegos o romanos y hoy en día sigue siendo una de las bebidas más apreciadas en todo el mundo. Es el vino, una bebida obtenida de la uva mediante la fermentación alcohólica de su zumo en el que influyen un conjunto de factores ambientales como clima, la latitud, la altitud o la temperatura. Al igual que ocurre con otras bebidas alcohólicas, su nombre se ha asociado a efectos perjudiciales sobre la salud, sin duda derivados de un conocimiento parcial de la realidad motivado de las múltiples enfermedades derivadas de un consumo excesivo o elevado. Pero, a diferencia de esto, el vino ofrece también una cara positiva, siempre que se consuma en cantidades ligeras o moderadas.

Precisamente este es el principal problema a la hora de valorar la conveniencia o no de tomar vino sin poner en riesgo la salud, conocer cuál es la cantidad recomendada y desde cuando comienza a ser excesiva. Esto depende de muchos factores tanto del consumidor (sexo, peso, actividad,…) como de su entorno (clima, temperatura,…) pero, de manera general se puede establecer que un consumo bajo o moderado de alcohol significa tomarse de dos a siete copas por semana.

No obstante, numerosas investigaciones científicas sobre salud han probado que existen cualidades beneficiosas en el vino, sin duda una buena excusa para disfrutar de una copa durante la cena o compartir una botella durante una celebración

El corazón y la circulación son los principales beneficiarios de beber vino, como hemos establecido, de manera moderada. Esto se debe a que aumenta la cantidad de colesterol HDL (que conocemos como bueno)), disminuye la probabilidad de formación de coágulos y aumenta la actividad de los antioxidantes por su alto contenido en flavonoides.

Asimismo se puede afirmar que es un aliado contra la grasa ya que su consumo activa la función de un gen que impide la formación de nuevas células de grasa y ayuda a movilizar las existentes, según un estudio realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. De ahí que sea recomendado o, como mínimo, aceptado, en algunas dietas.

Además mejora la función cognitiva e incluso puede ayudar a prevenir la demencia precisamente por su elevada cantidad de antioxidantes en su composición que reduce la inflamación, impiden que las arterias se endurezcan e inhiben la coagulación, lo que mejoraría el riego sanguíneo. También relacionado con el cerebro, el vino es un útil complemento placentero ya que su consumo libera endorfinas en dos áreas del cerebro, aumentando la sensación de placer.

También se relaciona con el cáncer, especialmente de mama, ya que bloquea el crecimiento de las células responsables de este tipo de tumor maligno. Esto se debe, según algunos estudios a uno de sus componentes, el resveratrol, que frena los efectos del estrógeno, la hormona femenina por excelencia.

Todo ello deriva que existan incluso estudios que revelan que los aficionados a la degustación del vino suelen comprar alimentos más sanos y tener una dieta más equilibrada que los consumidores habituales de cerveza.

No obstante, aunque existen pruebas científicas de sus beneficios en la salud, no se debe bajar la guardia y se debe mantener un consumo bajo o, como mínimo, moderado del vino, ya que pasarse puede derviar en problemas graves relacionados con el corazón y el hígado, cardiopatías que son una de las principales causas de muerte en personas que consumen alcohol en exceso.