Esta contracción continuada e involuntaria del músculo o algunas de sus fibras que aparece al realizar un esfuerzo, tras un golpe o una mala postura, se manifiesta con dolor o malestar en la zona afectada.
Las contraturas pueden aparecer en el momento en el que se produce el sobreesfuerzo o golpe, o después. Las primeras se producen porque hay una acumulación de los metabolitos, que provocan dolor e inflamación, al no haber una suficiente irrigación sanguínea que depure la zona. Las segundas se deben a la fatiga excesiva de las fibras, que al acabar el ejercicio ven disminuida su capacidad de relajación.
En primer lugar, hay que buscar la forma de prevenir las contracturas, tomando las medidas posibles. Así, en el caso del ejercicio físico, se recomienda realizar un buen calentamiento para preparar al músculo antes del esfuerzo, una programación progresiva en intensidad de las cargas o un buen trabajo de flexibilidadpara mejorar la distensión del músculo y facilitar la recuperación del músculo tras el entrenamiento.
En el marco laboral o doméstico es más difícil poder evitar la contractura aunque seguir algunas normas relacionadas con las posturas y ergonomía puede ayudar. Así, sentarse con la espalda en el respaldar de las sillas, colocar los codos sobre la mesa para comer o escribir en ordenador, o evitar coger cargas excesivas de peso, son algunas recomendaciones.
No obstante, si no se ha podido evitar la contractura, hay que dar un paso más buscando una recuperación rápida y eficaz. En primer lugar, si no tenemos posibilidades de ponernos en manos de un fisioteraputa o masajista, podemos utilizar cremas antiinflamatorias dando suaves masajes por la zona afectada, sin intentar apretar o dar masajes inapropiados. Utilizar hielo las primeras 24 horas o contrastes frío-calor una vez pasado ese tiempo, ayudarán a calmar el dolor y la inflamación.
Aún así, en casos donde la contractura sea severa y pueda llegar a afectar a la salud o al estilo de vida normal, lo mejor es acudir a un médico o fisioterapeuta para tratar la afección, ver qué tipo de contractura es y cuál es el mejor método para su tratamiento. En este sentido pueden recomendar miorelajantes y antiinflamatorios que logran relajar la musculatura y reducir la contracción, especialmente en casos en los que el dolor es muy acusado.
Por otro lado, los masajes son muy efectivos para tratar contracturas siempre y cuando tengan una periodicidad adeucada y sean fisioterapeutas o profesionales cualificados quienes los den. El masaje provocará un aumento del flujo sanguíneo que mejora la recuperación de tejidos y limpieza de metabolitos además de propiciar una relajación del músculo, reduciendo la tensión y por tanto el dolor.
Estos son algunas recomendaciones para evitar o mejorar de esta incómoda dolencia que puede llegar a afectar nuestro estado de ánimo y forma de vida en casos graves que pueden derivar en otras afecciones como mareos, sensación de vértigo o malas posturas.
