En medicina se conoce como fiebre sin foco a aquellos estados febriles, superiores a 38°C, de menos de 72 horas de evolución del cual se desconocer el origen. En la mayoría de los casos en edad infantil este tipo de fiebre no suelen ser graves y se resuelve favorablemente sin necesidad de tratamiento específico, más allá de los clásicos antipiréticos pero en muchas ocasiones los padres no saben cómo actuar.
Y es que la fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuentes en centros de salud y urgencias de hospitales, especialmente durante la infancia ya que suele alarmar por considerarse un síntoma de un foco infeccioso de más o menos gravedad. En concreto, la fiebre sin foco representa hasta el 20% de consultas por fiebre en la edad pediátrica y supone un problema cuanto menos edad tiene el pequeño, ya que los lactantes suelen mostrar menos síntomas aunque el cuadro pueda ser paradójicamente más severo, lo que conlleva realizar una buena historia, exploración física del paciente y seguimiento de la evolución.
Por ello se considera a la edad como un factor importante, llegando incluso a clasificar a los pacientes por grupos: Neonatos menores de 28 días (grupo de alto riesgo); Lactantes de entre 1 y 3 meses (con escasa respuesta febril y diagnóstico clínico difícil); y niños entre 3 y 36 meses (riesgo alta pero con mejor respuesta al tratamiento)
No obstante la mayoría de los casos de Fiebre sin foco en niños hasta 12 años se deben a infecciones víricas benignas y autolimitadas, que no precisarán de un tratamiento específico. Sin embargo, existen casos en menor proporción que pueden presentar enfermedad bacteriana potencialmente grave como la infección osteoarticular, la meningitis o la infección del tracto urinario, que hay que tratar de forma específica.
Recomendaciones
La fiebre suele levantar una gran preocupación en los padres, especialmente en los primerizos, pero no siempre tiene por qué ser mala señal. En primer lugar hay que destacar que existe la febrícula, concepto que se aplica a la temperatura corporal superior a 37ºC pero inferior a 38ºC, que aparece de forma esporádica y que no se considera fiebre, por lo que en la mayoría de los casos no requiere tratamiento. Por otro lado, hay que entender que la fiebre es un mecanismo de defensa natural, que se produce, casi siempre, en respuesta a una infección por lo tanto no hay que alarmarse excesivamente.
Somos conscientes que esto es algo difícil de conseguir, por ello realizamos las siguientes recomendaciones:
- Acudir al pediatra cuando existe fiebre superior a 38ºC y persistente durante más de 24 horas como medida de prevención.
- En caso de fiebre superior a los 39ºC, con una duración de 4 o más días o cuando aparece en bebés menores de 3 meses acudir inmediatamente sin esperas.
- Tratar con antipiréticos infantiles (Apiretal, Dalsy,…) cuando el niño o niña alcance el pico de fiebre más alto. También puede usarse este tratamiento durante las noches, aunque no se trate de fiebre alta, para favorecer el descanso. Eso sí, siempre bajo recomendación médica o farmacéutica.
- Mantener bien hidratado a los pequeños con abundante líquido: agua, zumos, infusiones infantiles,… Ayuda a bajar la fiebre de forma natural.
- Evitar la automedicación.
